miércoles, febrero 10, 2010

domingo, febrero 07, 2010

saudade


Escribir es vencer la trampa de uno mismo, del espejo. Toda escritura es personal, y toda escritura es una lucha contra lo personal. Lo que no está en la calle es literatura, sentenció Miller. Toda escritura es una pelea contra aquello que quiere abandonar la calle.

"Tuve una vida, completa". Y ahora esta vida termina, y sólo tengo la opción de dejarla ir, en busca de lo que ella (tanto como yo) ignora.


Al escribir, dijo alguna vez Lispector, utilizamos las palabras como carnadas, para contar lo que no es palabra (aunque su alma tuviese finalmente el peso de todas las palabras, pero no me detendré aquí,  en su alma, sino un poco más allá)...

Esta tarde toda la saudade muerde la carnada.





lentamente...




viernes, febrero 05, 2010

...but my smile still stays on


Bajo corriendo las escaleras, costumbre que no pierdo desde los 10 años. En la calle, una mujer pasea de la mano a otra mujer; la una es joven, y tiene el rostro de la resignación. La otra, posiblemente su abuela, me sonríe mientras las observo. 

Los árboles están tan solos hoy en el Paseo Moret. Miro la hora, falta poco para que la puntual bandada de pájaros negros cruce el cielo de Pintor Rosales. Me detengo, llevo ya dos años viéndolos pasar. ¿Hacia dónde van? ¿Qué pensarán?

Hoy todo es novedad, aunque por dentro piense dónde estás, dónde estás, dónde estás.




martes, febrero 02, 2010

sinestesia

Para escribir no hace falta hacer literatura. Eso lo dijo Lispector. Para escribir hace falta sentir, por ejemplo, la infernal alma del reloj despertador. 

domingo, enero 31, 2010

jueves, enero 21, 2010

huir y volver


En el año 1991 se estrenó la película Mediterráneo, el mejor film de Gabriel Salvatores. La película habla sobre el huir y el volver, y el cambio que se produce entre un movimiento y otro. De hecho, la película está dedicada a todos los que huyen. Tuve la suerte de verla ayer,  y todo porque a los "perversos polimorfos" del Café Pepa Techa les ha dado por hacer un ciclo de cine italiano  cada miércoles (Saverio, el cocinero, es un psicoterapeuta que por las mañanas trabaja como productor de televisión y por la noches prepara los mejores bocadillos de mozarella de búfala y alcachofas en aceite de la ciudad; le gusta amenizar las mesas de sus clientes habituales con sus extraordinarias historias de "constelaciones familiares", su rechazo a la Gestalt  y su  homosexualidad perfectamente asumida -él se jacta de ello-, así como su teoría de la responsabilidad, que justo ayer me la arrojó sobre la mesa con todo el peso añadido de los tiempos que corren).

Terminada la película y la charla con Saverio, en el trayecto de vuelta a casa, la película  se quedó congelada en una emoción que me permitió conectar cosas que andaban sueltas.


Ayer por la tarde tuve otro de mis talleres sobre Ciudadanía Activa con jóvenes  de la lejana y verde Aranjuez. El trayecto desde Madrid dura 45 minutos, y suelo disfrutar del viaje, aunque el paisaje es siniestro, sobretodo por todas las chimeneas que arrojan ese humo perezoso al cielo.

Estar en contacto permanente con  este grupo me está ayudando a comprender muchas cosas de aquella etapa de mi vida que siempre quiero olvidar, pero también a entender cosas de lo que vivo ahora.

Llegué un poco tarde, y Javi (mi compañero de oficio) estaba almorzando con ellos. Todos tenían el mismo triste bocadillo, jamón de york y queso. Yo no podía desentonar, y llevaba mi propio "bocata"  (comprado en la estación del tren). Poco después nos pusimos a trabajar.

Alguna vez ella me dijo que le gustaba lo que hacía, pero yo no le creí del todo. Creo que era sincera, pero la tarde que me lo dijo veníamos de un sueño demasiado pesado, y la distancia se nos coló en esa cafetería que llevábamos con ganas de conocer (sin saberlo los dos) desde hace tiempo.

Se supone que mi trabajo consiste en repensar la escuela, pero creando un espacio donde no hay ni adultos ni jóvenes, sino incertidumbre y urgencias. Yo prefiero llamar, a ese espacio, oasis. A veces pienso que si hay alguna salvación para la educación y para los educadores (la cual, dicho sea de paso, es una de las tres profesiones imposibles según Freud - las otras dos son curar y gobernar-) ésta pasa por construir un espacio que se desentienda de la sociedad que está allá afuera. Cualquier seguidor de Freire me mataría por esta idea. Pero mi  idea es el desierto y la deserción, que todos abandonemos los papeles de una vez por todas. El desierto es deserción, pero también es oasis. La mayoría de estos jóvenes llevan a la escuela toda su desesperación, y la estampan contra las paredes, los cristales y sus educadores. No les gusta el papel que les toca. A mi tampoco.

Volvamos al camino de vuelta a casa. Voy repensando, trazando un nuevo camino. Me tortura Fromm, (el egotismo a deux, el amante egoísta, la generosidad neurótica),  me mata Carver. Las necesidades inexpresadas, la responsabilidad, el equívoco. No me volverá a pasar, eso es lo único que me salva, mejor todavía -me lo hizo ver Saverio- me volverá a pasar pero no será igual.

Saverio me enseñó que, lo más importante, es cambiar el relato. Quiero decir, aunque su historia de las constelaciones no me convence en lo absoluto, lo importante está en lo que tienen en común todas estas terapias (cuando funcionan): cambiar el relato y asumir, con valentía, nuestras decisiones y hacernos responsables de sus consecuencias.

Llego a casa y tengo mucho sueño. Son las 2 de la noche. La próxima semana Santi me pasa la Genealogía de la Moral, y un poco de Deleuze, para que vomite el resto.




miércoles, enero 20, 2010

lunes

¿Cómo va todo? Da igual, porque todas las mañanas me levanto por el mismo lado de la cama. La "tormenta" de Sabina sigue secando esta ciudad.






“Con el amor uno no puede escribir una canción, con el amor dan ganas de meterse en una cama, en un baño, en un ascensor o donde sea con tu amada. Con el desamor, en cambio, dan ganas de recagarse en la puta madre de esa mujer que nos dejó, y escribirle una canción que la persiga toda la vida. Así nacen las grandes canciones.”
Sabina. 

domingo, enero 17, 2010

domingo

La felicidad está sobrevalorada. En realidad lo que él buscaba era una fuerza.