miércoles, mayo 09, 2007

Común

Qué dia es este que sabemos cuánto durará. La gente que pasa sin hablar, qué grito se produce en su interior, y si ha de salir, qué es el grito fuera de uno. Si al menos durara un poco más. Qué es la voz fuera de uno, ruidos que interrumpen otros ruidos. Si al menos supiera sus nombres. Quizás solo serían un hecho cualquiera, como aviones que pasan sobre la ciudad. Y si cierro los ojos se apagan, como se apagan las cosas de una habitación que se cierra. Qué dia es este que sabemos cuanto durará. Y qué esperanza me queda en esta ciudad de millones, donde apenas eres una, ¿por qué no eres miles? miles.

domingo, mayo 06, 2007

Pavel Égüez


Mural
"Grito por la diversidad" (2002)


Arthur Dove

Nature Symbolized or Reefs (1924)



Me and the moon (1937)

Al salir del cine la vida se había intensificado. Subrayado las puertas, las escaleras, los carteles de antiguas peliculas, la charla insignificante, el cajero devolviendo mi dinero, la calle sin hojas.

No pasa nada, en ella no pasa nada. Sólo secuencias de corte brusco, sólo la devoción por los sonidos diarios (abandonados en la memoria), sólo la perfecta captura de este mundo en pausa.

Cines Verdi

martes, abril 24, 2007

sábado, abril 21, 2007

Completo

Decir tu nombre completo, como se nombra un país, o una planta, como nombran los sacerdotes a los muertos en las misas, como decimos taquicardia, o calmante. Como decimos mañana, o ayer. O ascensor, O estertor, O urgente. Como ese cuerpo tuyo, completo como un espejo, sin nombre.

jueves, abril 19, 2007

Alvaro Paños (invitado especial)

Los atascos son un incordio, eso está claro para todos. Tanto los atascos de tráfico como los laberintos teóricos del intelecto. Los primeros sacan lo peor de mi, el animal agresivo que llevo dentro. Y luego me debilito y opto por abandonar el campo de batalla. Me rindo, las fieras del capitalismo pueden conmigo. Y qué demonios, ¿a quién le gusta vivir una vida que no quiere? Pero ya se sabe, esta inquietud ya la puso en escena la tragedia griega. Que me ignoren puede ser mejor que una atención excesiva, especialmente en la oficina. Todo depende de quien te ignore o quien te haga caso, claro está. Madrid ata y mata. Lo que te da, te lo quita: un juego de suma cero. Es un rollo amor-odio al más puro estilo Robert Mitchum o, un poquito más cercano, nuestro querido y crápula Joaquín Sabina... Pongamos que hablo de Madrid. Y para ir terminando, si no te gustan los pesados ni los pesimistas pero puedes soportar a un repelente nihilista... ¡Pues entonces estás de enhorabuena! Que conste que tu también me gustas y no se si puedo con ello y no se si quiero poder, ni tan siquiera si quiero preocuparme en saber si puedo o quiero o qué.

domingo, abril 08, 2007

hic et nunc

Vengo de tragar dedos en las llagas, de tocar lo que no debo, de saber que no hay ni espuma ni milagro. Tal vez pida un taxi para volver a probar aquella colina con mar, o esa ciudad escondida en las terrazas, o tu río de luces frenéticas, que tal vez no volvamos a ver. Jamás. Quiero que las estaciones subterráneas sean como segundos, y que no tarde mi llegada. Esa galaxia de ruina que voy a dejar en tus piernas y un disparo en tus encías, no tengo más. Europa es una comedia que arde en el papel, pero siempre nos queda Lisboa. Si, ya se, no hay preguntas, y es a tientas como te voy a conocer. Pero mi voz ya reconoce tu voz, y con eso nos basta. Aquí y ahora.

sábado, abril 07, 2007

sudor y transparencia

Me ofrecen un par de aspirinas. Con buena voluntad me ofrecen también una astilla, una cita y una verguenza. Algunos instantes de sudor y transparencia, ascensores y varios pisos, golpes en la pared y una puerta como aguijón. Por ahora pasan las horas, y sólo tengo una axfixia producida por los abrazos.

viernes, abril 06, 2007

Outras ladeiras e ruas

Sus días tienen la misma composición de mis días, aunque son diferentes. Porque sus días tienen taquicardia, vómitos, y un estómago con un hilo de fuego, devorado por una angustia mayor. Solo aquella imagen del curtidor y su piel como brasa en el atardecer le pertenecen, como su lengua y sus dudas. Los míos son iguales, aunque distintos, porque viven en lo que viene después. Solo otras cuestas y calles, outras ladeiras e ruas.

Morada

El mal aliento, epidemia de los confesionarios, pronuncia palabras que nunca me pertenecen, que descienden con la espuma hasta mis sienes. La hoja de afeitar te corta solo aquello que brota, dejando intacta la sangre y la infección de la mañana. Como una esquina de ladrillos, tu rostro es el rincón preferido de los juegos legales, blando pálido dormido, reconocida fotografía. El grifo es una razón para pensar en la muerte, pero también en las uñas. La cama (todavía hinchada las sábanas por el cuerpo, como una piel que se abandona por unas cuantas horas, como una cáscara agrietada) mudo animal alimentado de mi espasmo, alguna vez tuyo y mío. Y los zapatos, vacíos equipajes, estrechos vagones del mismo color de la Farmacia, nunca tienen nada nada más que ruido y sueño. El reloj (con segundos con nudos con trampas ¿verdad?) me viene sonriendo desde hace algún tiempo. Y la pupila dilatada sumergida en un vaso, mirando el mundo, de agua.