Este movimiento que hago hacia ti es sólo eso, movimiento, déjame pensarlo así, lo único real en un tiempo como este, un tiempo que te destruye cuando intentas explicarlo. Estos son los actos desesperados de los que un día creyeron que serían amados sólo por ser jóvenes, sólo por su forma de esperarlo todo.
domingo, marzo 27, 2011
domingo, marzo 20, 2011
ciudad (1)
El tiempo me ha enseñado que la única forma de avanzar en la vida es mirando siempre adelante. Yo lo hago todo el tiempo.
Tengo 17 años y la vida hecha mierda.
Llego a casa, subo corriendo a la cuarta planta, no enciendo las luces porque me gusta pensar que estoy en un túnel a ninguna parte.
Me abre una señora que mi madre ha contratado para que nos cocine. Mi hermano la odia, pues dice que compra las verduras en mal estado, todo con tal de ahorrarse unos centavos y dárselo al alcohólico de su marido. No tengo certeza de esto, pero me consta que la mujer es extraña. Redonda, con una panza que le da un aspecto de pájaro.
Entro en la habitación, mi hermano no está, así que puedo dormir tranquilo. He decidido no estudiar más y espero sólo un golpe de suerte que me saque de este barrio de mierda, repleto de putas y ladrones. Así que me tumbo a pensar. Pienso, no hago sino pensar, ¿qué más puedes hacer cuando no tienes ninguna posibilidad de salir de aquí?
Lo llaman, me dice la mujer redonda. Quién. No lo sé. ¿Qué le digo? Dígale que suba. O no, mejor dígale que yo bajo.
Nos encontramos en el portal. Lleva una minifalda, los labios intensamente rojos.
¿Así que aquí vives? ¿Y cómo lo supiste? Mi hermana vive al frente, y me lo contó un día que hablábamos de ti. ¿Dónde dejas a tu niña cuando vas a trabajar? En casa de mi hermana. ¿Ella lo sabe? No he venido a hablar de mi trabajo, he venido a darte un beso, tontito. Me besa, la beso y le cojo las nalgas. ¿Tienes novio? Sí, pero ahora tengo dos. A mi padre le preocupa que ande con putas. A mí también.
Vuelvo a la habitación. Duermo durante tres horas seguidas. Atardece, los perros ladran a las gallinas, las viejas dejan de estar asomadas en las ventanas. Mis vecinas se bañan desnudas en el patio y yo las miro, hasta que se dan cuenta y gritan. Así atardece aquí.
La mujer redonda se ha ido. Llaman a la puerta. Es Marcelo. Lleva una camiseta del Magical Mistery Tour, vaquero negro, botas negras. Nunca he sido muy observador ni el muy expresivo, pero parece contento.
No hay nada que hacer, así que damos una vuelta al barrio. Este lugar siempre me ha generado un sentimiento primitivo. El barrio hoy tiene un aspecto desolador, parece que estuviera en carne viva, como si alguien hubiera pasado un cepillo de hierro por sus calles.
Llamamos por teléfono desde la tienda de la esquina, y nos dice la Negra que hay un concierto este viernes, así que hacemos planes.
Cruzamos el mercado, que a estas horas siempre tiene un olor miserable. Los indios están recogiendo lo último que les queda. Sólo están abiertas las carnicerías, esperando vender lunpoco de carne en mal estado. Los perros también esperan. Todo está lleno de lodo. Piso mierda.
Recuerdo que hace algunos años mi hermano quemó nuestra habitación. Todo quedó bellamente carbonizado. Algunas veces recuerdo esta imagen. Hay cosas en la vida que me llevan a este recuerdo. Este lugar me recuerda aquella habitación.
Tomamos el bus, que siempre tiene un aspecto lúgubre a estas horas. Ya casi no hay vendedores a estas horas, sino más bien gente extraña: vigilantes nocturnos, mujeres y hombres con familiares enfermos, y gente que se mueve por la ciudad sin ningún destino desde hace años. Estas gentes son las únicas reales en esta ciudad donde todos forman parte de una guerra que es mejor empezar a olvidar.
sábado, marzo 19, 2011
lunes, marzo 14, 2011
domingo, marzo 13, 2011
sweet oxygen
Un viaje es un rodeo sobre uno mismo. Al igual que una película. Eso lo decía Godard, al menos cuando hablaba de cine.
Tomo el vuelo a las 2 en punto. No hay retraso. Cumplo las rutinas: leer un diario, cerrar los ojos en el despegue, decir que no a la comida. Intento dormir.
¿Recuerdas aquella charla que tuvimos sobre los rincones? ¿Sobre el pasado que ofrecen los rincones, o el dilema de las habitaciones?. Me imagino volviendo a Guayaquil. Entrar en aquella habitación, será como entrar en una ruina. Será como ver un accidente en cámara lenta. Un accidente donde nadie sobrevive. ¿Qué es sino este lugar, esta habitación, este sueño de volver?
Despierto, y tengo algo de sed.
Tomo el autobús, tal como me enseñaste. No me hace falta hablar con nadie. Los días están más despejados, por fin puedo ver la carretera que me conduce a ti.
Estás allí, sonríes, my sweet oxygen.
lunes, febrero 14, 2011
realidad
La vuelta desde Móstoles ha sido silenciosa. Nunca pensé que este trabajo que hago me fuera a afectar alguna vez.
Hoy, en uno de mis talleres, uno de los jóvenes nos mostró su brazo izquierdo. Tenías las marcas de unos dedos, rojizas marcas como si se le hubiera oxidado la piel. Me golpearon hoy, dijo sonriendo. Se que esto es lo que tendré que vivir el resto del tiempo que esté en el insti. Y no puedo hacer nada.
La discusión empezó. Algunos dijeron que era su culpa, porque no lo denunciaba. Y como siempre, en estos casos, la culpa es de la víctima. Si habló será peor. Me esperarán fuera del insti, o vendrán sus hermanos.
¿Qué hacer?
viernes, enero 21, 2011
lo que se suele olvidar
¿Cómo se controlan a los favelados en Río de Janeiro? ¿Cómo el Estado controla a las millones de personas que viven en las favelas ganando (cuando gana) miserias, sin que se salgan de control? ¿Cómo hacen estas millones de personas?
Para aquellos a quienes se les olvidan palabras como desigualdad abismal, represión, clase..tienen este documental:
domingo, enero 02, 2011
deja que la noche entre
Quizás porque el atardecer no tiene sonidos, quizás porque la noche en esta ciudad no tiene remedio. Quizás por todo esto estás aquí, y no te podrás ir nunca más.
Fría, la habitación tenía pequeñas luces colgando de una pared, alumbrando la cama donde ella dormía. Pensó en el sentido que podría tener un cuerpo orlado de luces tan diminutas, pero su mirada se detuvo al final en su respiración, que era como la de un pez fuera del agua.
Despertar y sonreír, parecía un reflejo. Ella lo presentía todo, hasta este absurdo de él sobre las luces.
¿A qué estás jugando? Le preguntó.
Se podía reconocer cada calle, cada sombra, cada luz que había tocado su cuerpo. Un semáforo, por ejemplo, podía verse a la altura de sus hombros, mientras que las luces de las vitrinas y la temperatura de los candiles solían arremolinarse en un mismo lugar.
O al menos a eso jugaba él, jugaba a que entendía la noche de esta ciudad. Hay algo que sólo se logra a fuerza de acostarse todas las noches con el mismo cuerpo.
Al día siguiente caminaron hasta el otro extremo de la ciudad. Soñaban con poder caminar un día entero. Iban a los lugares más alejados, a la periferia, sitios gobernados por grúas de colores brillantes y puentes abandonados, por calles sin árboles y llenas de polvo, por buses llenos de rabia que deambulan frenéticos sin pasajeros. ¿En dónde estoy ahora?, él se preguntaba.
No, ya no era su ciudad. Desde hace mucho tiempo que ésta ya no era su ciudad. A veces sufría visiones. Conocía ya varias ciudades, una de ellas estaba llena de pequeñas casas alejadas de la carretera, distanciadas unas de otras, oscuras e impredecibles como cuervos durmiendo.
Fría, la habitación tenía pequeñas luces colgando de una pared, alumbrando la cama donde ella dormía. Pensó en el sentido que podría tener un cuerpo orlado de luces tan diminutas, pero su mirada se detuvo al final en su respiración, que era como la de un pez fuera del agua.
Despertar y sonreír, parecía un reflejo. Ella lo presentía todo, hasta este absurdo de él sobre las luces.
¿A qué estás jugando? Le preguntó.
Se podía reconocer cada calle, cada sombra, cada luz que había tocado su cuerpo. Un semáforo, por ejemplo, podía verse a la altura de sus hombros, mientras que las luces de las vitrinas y la temperatura de los candiles solían arremolinarse en un mismo lugar.
O al menos a eso jugaba él, jugaba a que entendía la noche de esta ciudad. Hay algo que sólo se logra a fuerza de acostarse todas las noches con el mismo cuerpo.
Al día siguiente caminaron hasta el otro extremo de la ciudad. Soñaban con poder caminar un día entero. Iban a los lugares más alejados, a la periferia, sitios gobernados por grúas de colores brillantes y puentes abandonados, por calles sin árboles y llenas de polvo, por buses llenos de rabia que deambulan frenéticos sin pasajeros. ¿En dónde estoy ahora?, él se preguntaba.
No, ya no era su ciudad. Desde hace mucho tiempo que ésta ya no era su ciudad. A veces sufría visiones. Conocía ya varias ciudades, una de ellas estaba llena de pequeñas casas alejadas de la carretera, distanciadas unas de otras, oscuras e impredecibles como cuervos durmiendo.
La felicidad se alcanzaba muchas veces en esta habitación, pensaba, y en ocasiones incluso la sabiduría, sobre todo durante la tarde, cuando sólo había que tener paciencia y dejar que la vida de ella se mezclara con el destino de sus cosas. Ella se convertía en una fuerza de la naturaleza, un lugar al cual los pequeños objetos de la vida cotidiana les gustaba arrojarse, un destino tan parecido a la muerte, es decir, tan parecido a todas las muertes, es decir, para siempre.
La llevó la siguiente noche a aquel club de jazz que frecuentaba desde hace años. Tenía los ojos fijos en ella, amaba verla sonreír. La madrugada era distinta si ella estaba. A él se le olvidaba esta nostalgia crónica por una ciudad que odiaba, y a ella se le olvidaba que él existía mientras se transparentaba entre las gentes.
Sus fantasías no le interesaban tanto. La idea de verse como a fuerza de algo en realidad no le gustaba. Ella odiaba la naturaleza, pues decía que era contraproducente. Sin embargo, de haber sabido su juego sobre la noche entrando en ella, de haberlo sabido, tal vez lo habría amado.
- Ni siquiera te conozco muy bien, dijo ella.
- Me gusta el sonido del tren entrando a la estación.
Su amor era la distancia que existía entre él y esa página en blanco, que era ella.
La llevó la siguiente noche a aquel club de jazz que frecuentaba desde hace años. Tenía los ojos fijos en ella, amaba verla sonreír. La madrugada era distinta si ella estaba. A él se le olvidaba esta nostalgia crónica por una ciudad que odiaba, y a ella se le olvidaba que él existía mientras se transparentaba entre las gentes.
Sus fantasías no le interesaban tanto. La idea de verse como a fuerza de algo en realidad no le gustaba. Ella odiaba la naturaleza, pues decía que era contraproducente. Sin embargo, de haber sabido su juego sobre la noche entrando en ella, de haberlo sabido, tal vez lo habría amado.
- Ni siquiera te conozco muy bien, dijo ella.
- Me gusta el sonido del tren entrando a la estación.
Su amor era la distancia que existía entre él y esa página en blanco, que era ella.
jueves, diciembre 16, 2010
kate
Si esta fuera mi última noche en Madrid seguro que eligiría la Filmoteca como el último lugar donde me gustaría estar. Y por supuesto Allen estaría allí.
Buen viaje.
De más allá del mar
vienes a contarme tu derrota
y esperas que yo te arrulle
y te preste un poco de viento (...)
Felix F. Casanova
Buen viaje.
sábado, noviembre 27, 2010
Fish Tank
Viernes por la noche. Termino de ver Fish Tank. Intranquilo, recuerdo aquél final de Una Novelita Lumpen de Bolaño. El personaje existe, lo creó él, pero la descubrío Andrea Arnold.
Katie Jarvis (Mia), fue descubierta el día que peleaba acaloradamente con su novio. No tenía empleo, y había abandonado la escuela. Era perfecta, sólo había que seguirla y filmarla.
"Fuera, la señal de que aún persistía una tormenta, una tormenta que no estaba localizada sobre el cielo de Roma, sino en la noche de Europa o en el espacio que media entre planeta y planeta, una tormenta sin ruido y sin ojos que viene de otro mundo, un mundo que ni los satélites que giran alrededor de la Tierra pueden captar, y donde existía un hueco que era mi hueco, una sombra que era mi sombra".
Roberto Bolaño, Una novelita Lumpen.
martes, noviembre 23, 2010
falando do Brasil
Un pequeño fragmento, crítico e inteligente, de Jessé Souza:
O principal é que o Brasil é uma das sociedades complexas mais desiguais do planeta, porque entre 30% a 40% de sua população têm inserção precária tanto no mercado quanto na esfera pública. Existe toda uma “classe social”, nunca percebida enquanto tal no debate público — a não ser fragmentariamente enquanto temas soltos e sem relação entre si como “violência”, “desqualificação da mão de obra”, “insegurança pública”, “repetência escolar”, “criminalidade”, “transporte público”, “saúde pública”, etc. — que tende a reproduzir sua precariedade indefinidamente. Imaginam-se 500 problemas para não se ver o único problema efetivo que é a raiz e o núcleo de todos os outros. Fragmenta-se indevidamente a realidade e confundem-se as hierarquias das questões para não se ver o óbvio: que somos uma sociedade altamente conservadora e perversa que aceita conviver com uma porção significativa da sua população vivendo como “subgente”, com empregos precários e sem articulação política de seus interesses.
É esse fato, e não nenhum outro, o que verdadeiramente nos separa das sociedades política e moralmente mais avançadas do chamado “primeiro mundo”. Essa classe social, que chamamos provocativamente de “ralé”, num pais que eufemiza, nega e jamais discute seus conflitos de frente, é a mão de obra barata a serviço das classes média e alta que podem — contando com o exército de empregadas, faxineiras, moto-boys, porteiros, zeladores, carregadores, babás e prostitutas, para o serviço pesado e desvalorizado — se dedicar às ocupações rentáveis e com alto retorno em prestígio e reconhecimento. É isso que chamo de “desigualdade abissal” como nosso problema central. Os outros são “nuvens de fumaça” para que não se perceba o que é importante e o que hierarquicamente deveria vir primeiro.
O Bolsa Família é frequentemente apontado como um dos grandes trunfos do governo Lula. Qual sua avaliação sobre esse programa?
O bolsa família tem extraordinário impacto social, econômico e político, com investimento público relativamente muito baixo. É incrível que não se tenha pensado nisso antes. Mais incrível ainda que exista gente que é contra. Boa parte da dinamização do mercado interno brasileiro tem relação direta com o bolsa família, como tivemos ocasião de ver empiricamente em nossa última pesquisa, já no prelo, acerca da “nova classe média”, denominação, aliás, muito infeliz e que criticamos na pesquisa.
Por outro lado, o bolsa família não tem condições, sozinho, de reverter o quadro de desigualdade e “incluir” e “redimir” a “ralé” enquanto classe social precarizada em todas as dimensões. Esse é um desafio que tem que ser de toda a sociedade brasileira, que envolve processos de conscientização em todos os níveis. Muda-se uma sociedade quando esta “aprende coletivamente” e ascende a novos patamares de consciência moral e política, por exemplo, “se responsabilizando”, sem procurar bodes expiatórios fáceis, pelas mazelas sociais que produziu historicamente. Botar a culpa no Estado é fácil. Mas não existe ação estatal realmente efetiva sem conscientização social também efetiva e real.
É esse fato, e não nenhum outro, o que verdadeiramente nos separa das sociedades política e moralmente mais avançadas do chamado “primeiro mundo”. Essa classe social, que chamamos provocativamente de “ralé”, num pais que eufemiza, nega e jamais discute seus conflitos de frente, é a mão de obra barata a serviço das classes média e alta que podem — contando com o exército de empregadas, faxineiras, moto-boys, porteiros, zeladores, carregadores, babás e prostitutas, para o serviço pesado e desvalorizado — se dedicar às ocupações rentáveis e com alto retorno em prestígio e reconhecimento. É isso que chamo de “desigualdade abissal” como nosso problema central. Os outros são “nuvens de fumaça” para que não se perceba o que é importante e o que hierarquicamente deveria vir primeiro.
O Bolsa Família é frequentemente apontado como um dos grandes trunfos do governo Lula. Qual sua avaliação sobre esse programa?
O bolsa família tem extraordinário impacto social, econômico e político, com investimento público relativamente muito baixo. É incrível que não se tenha pensado nisso antes. Mais incrível ainda que exista gente que é contra. Boa parte da dinamização do mercado interno brasileiro tem relação direta com o bolsa família, como tivemos ocasião de ver empiricamente em nossa última pesquisa, já no prelo, acerca da “nova classe média”, denominação, aliás, muito infeliz e que criticamos na pesquisa.
Por outro lado, o bolsa família não tem condições, sozinho, de reverter o quadro de desigualdade e “incluir” e “redimir” a “ralé” enquanto classe social precarizada em todas as dimensões. Esse é um desafio que tem que ser de toda a sociedade brasileira, que envolve processos de conscientização em todos os níveis. Muda-se uma sociedade quando esta “aprende coletivamente” e ascende a novos patamares de consciência moral e política, por exemplo, “se responsabilizando”, sem procurar bodes expiatórios fáceis, pelas mazelas sociais que produziu historicamente. Botar a culpa no Estado é fácil. Mas não existe ação estatal realmente efetiva sem conscientização social também efetiva e real.
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